Cada día
Devocional
diario
Una palabra de Dios para comenzar tu día.
PREPARANDO EL CORAZÓN PARA LA COMUNIÓN ÍNTIMA CON DIOS Y EL AVIVAMIENTO (PARTE 2)
Día 23
miércoles 22 de julio, 2026
SANIDAD DE TODA CEGUERA ESPIRITUAL (2)
“Entonces los filisteos lo capturaron, le arrancaron los ojos y lo llevaron a Gaza. Lo sujetaron con cadenas de bronce y lo pusieron a moler en la cárcel.”
— Jueces 16:21
En el anterior devocional vimos la importancia de orar para que Dios abra nuestros ojos espirituales y nos lleve a un mayor entendimiento de Su ser, de Su voluntad y de nuestro llamado como hijos suyos. Ahora veremos -puntualmente- qué produce ceguera espiritual en nuestras vidas: 1. La desobediencia: “Entonces los filisteos lo capturaron, le arrancaron los ojos y lo llevaron a Gaza. Lo sujetaron con cadenas de bronce y lo pusieron a moler en la cárcel” Jueces 16:21 NVI. La desobediencia trae consecuencias y una de ellas es la ceguera espiritual. Ya no vemos que nuestras acciones no agradan a Dios, nos dejamos llevar por los deseos que tenemos y somos gobernados por la carne (la vieja naturaleza). 2. El orgullo: “Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo. Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas” Apocalipsis 3:17-18 RV60. El orgullo no nos deja ver nuestra condición, nos autoengaña haciéndonos creer que estamos bien cuando en realidad estamos mal. Así no permite que lleguemos al arrepentimiento y que seamos sanados. “Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido” Romanos 1:21 RV60. El orgullo no nos deja glorificar a Dios, oscurece nuestro entendimiento y llena de tinieblas el corazón. 3. El ojo enfermo: “»Tu ojo es como una lámpara que da luz a tu cuerpo. Cuando tu ojo está sano, todo tu cuerpo está lleno de luz; pero cuando tu ojo está enfermo, todo tu cuerpo está lleno de oscuridad. Y si la luz que crees tener en realidad es oscuridad, ¡qué densa es esa oscuridad!” Mateo 6:22-23 NTV. El ojo enfermo pone su mirada, su confianza, en las riquezas terrenales. En cambio, el ojo sano pone su enfoque en las riquezas celestiales y eternas. El ojo enfermo no tiene convicción de pecado, llama a la oscuridad luz. O como dice Isaías 5:20 NVI “¡Ay de los que llaman a lo malo bueno y a lo bueno malo, que tienen las tinieblas por luz y la luz por tinieblas, que tienen lo amargo por dulce y lo dulce por amargo!”. 4. La dureza del corazón: En personas con un corazón duro, se cumple la profecía de Isaías: “Por mucho que oigan, no entenderán; por mucho que vean, no comprenderán. Porque el corazón de este pueblo se ha vuelto insensible; se les han tapado los oídos y se les han cerrado los ojos. De lo contrario, verían con los ojos, oirían con los oídos, entenderían con el corazón, se arrepentirían y yo los sanaría” Mateo 13:14-15 NVI. Este versículo nos muestra que, por la dureza del corazón del ser humano, sus ojos espirituales son cerrados. Eso les impide ver y comprender el mensaje de Dios. Además, no permite que conozcan y crean la verdad de Su Palabra.
Taller de vida
1. ¿Podrías identificar qué más puede provocar ceguera espiritual en nuestras vidas? 2. En tu caso, en algún momento, ¿el orgullo te causó ceguera espiritual? 3. ¿Todavía sigues luchado con pensamientos o emociones negativas provocados por experiencias del pasado que no te dejan vivir la vida de fe, de esperanza, de plenitud en Cristo Jesús? ¡Es tiempo de sanar!
Oración
Dios todopoderoso, Padre amoroso: Te pido perdón por todo pecado de desobediencia, de orgullo, de soberbia… Perdón por mirar la vida con ojos distorsionados, por mi maldad, por el rencor que guardé y porque no fui capaz de disculpar las faltas de otros. ¡Sáname, Señor! Te lo pido en el nombre de tu Hijo amado, Jesucristo. Amén.